Seguimiento a mi nota sobre el oro

Venezuela anunció hoy su disposición a nacionalizar la extracción y refinamiento del oro.  Es una acción que merece aplauso.  Los precios actuales la vuelven necesaria.  Esos recursos pertenecen al pueblo de Venezuela.  Está bien que el gobierno de Venezuela tenga reservas que le sirvan como seguro en caso de que la economía global entre en un período caótico prolongado.  Pero más allá de esas prudentes reservas, insisto en que la acumulación de oro es un desperdicio.

Digo esto con todo respeto hacia el presidente Chávez.  En mi muy modesta opinión (no solicitada), si se va a acelerar la extracción de ese oro (algo que se debe hacer con debida consideración de todos los costos que eso impone, costos medioambientales y humanos, pero que — sin duda — es algo que los precios actuales hacen posible y racional), más allá de esa reserve prudente a que me refiero, el oro resultante debe venderse y utilizar los ingresos para importar del mundo occidental los bienes (ahora a buenos precios) que sean necesarios para reforzar las bases de largo plazo de los sistemas de educación, salud, arte y cultura, deportes, ciencia y tecnología e infraestructura de comunicaciones y transporte locales.  También tiene sentido usar esos recursos para financiar, en cierta medida, las iniciativas de integración regional que el presidente Chávez está impulsando.

Ahora bien, si los signos de que la economía occidental va a entrar en un período de franca desintegración aumentan — una expectativa que, ciertamente, la pésima calidad del liderazgo político actual en EE.UU., Japón, el Reino Unido, Alemania y Francia justifica ampliamente — entonces la necesidad de acumular más reservas de oro aumenta en consecuencia.  Admito que mantengo un optimismo — quizás infundado — en la capacidad de las luchas de la izquierda en el mundo occidental para alterar la dirección en que las cosas están marchando por acá.  Por supuesto, América Latina no puede depender ni fiarse de que las cosas nos salgan bien por acá.

En cualquier caso, esos son mis 2 centavos de consejo no pedido.

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3 Comments

  1. Gracias Juliohuato por abrir este blog sobre las reservas auríferas de Venezuela.

    Lo que me mantiene estupefacto es que -según Max Keiser, analista financiero- tal parece que los banqueros ingleses vendieron hace mucho todo el oro venezolano en custodia y van a tener que ir al mercado de valores a comprarlo al precio actual (más de 1800 US$/onza Troy). De corroborarse cierta esta noticia, se desatará un avalancha de solicitudes de reintegro del oro por parte de los países que lo han confiado en custodia a estos ladrones, que siguieron cobrando custodia por algo que -sabían- lo habían vendido.

    Ni hablar del disparo en el precio del metal que se generará si Inglaterra va a salir a comprar las toneladas de oro que tiene que restituir Tranquilamente rebasará los 2000 US$ la onza Troy.

  2. Gracias, Raymond. El blog no es, específicamente, sobre las reservas de Venezuela. Yo no vivo en Venezuela y no tengo ninguna conexión con quienes toman ese tipo de decisiones. Y, como sabes, el diablo tiende a estar en los detalles. Yo sólo puse el enlace en YVKE Radio Mundial (http://www.radiomundial.com.ve/yvke/) por lo que pueda servir.

    Eso que dices de Kaiser no es descabellado. Si una parte significativa del oro supuestamente en custodia es puro papel (algo que yo no tengo manera de verificar), pues el relajo se va a poner muy interesante.

    Ahora bien, no sé cuantas toneladas de oro tiene Venezuela (más de la mitad está aparentemente en papel: certificados de depósitos en el extranjero). ¿Unas 200-250 toneladas? Supongo que mucho más está bajo tierra. En mi ignorante opinión, eso que está bajo tierra basta como reserva para contingencias. Por eso, insisto, la mejor estrategia es vender ese oro antes que la burbuja estalle (ajustando esto para tomar en consideración lo que dices que Kaiser dice, suponiendo que tiene base empírica), invertir el producto de esas ventas en la gente, adquiriendo en los mercados occidentales lo que pueda necesitarse para producir latinoamericanos más educados, sanos e inter-conectados.

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