El oro hoy

Esta mañana, el oro llegó a los $1,800 por onza en el mercado neoyorquino.  La pregunta que surge de inmediato es: ¿Qué significa este acontecimiento?  O, mejor planteado, ¿qué implicaciones tiene esto para México y otros países de América Latina?

Este es un tema muy amplio.  Así que me voy a limitar a pegar aquí el comentario que hice esta mañana en Cubadebate.

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El oro es un metal que brilla y que tiene algunos usos, industriales y de consumo, y que algunos bancos centrales e individuos utilizan como dinero último. El oro como dinero último — como vehículo para almacenar valor y, al deshacerse de él, como medio de circulación — puede enriquecer o arruinar a quién lo use así. Todo depende.

En última instancia, si de guardar valor se trata, la mejor forma de guardar valor que tienen nuestros bancos centrales no es en metal, en muchos casos depositados en bancos occidentales. La mejor forma de guardar valor (recordemos que valor es trabajo social, aunque en la forma enajenada que cobra cuando la propiedad privada domina) es invirtiendo en nuestra gente, en su educación, salud, deportes, arte, ciencia y tecnología locales, es decir bienestar; o en bienes de uso común como vivienda, transporte e infraestructura racional, comunicaciones, etc. Si un banco central de nuestros países tiene oro, que lo venda ahora que la burbuja especulativa lo ha llevado a un nivel tan alto y que utilice esos recursos para invertir en nuestra gente.

Si lo que se quiere es un seguro contra accidentes en el sector externo (las relaciones comerciales con el resto del mundo), entonces yo creo que los pocos o muchos recursos que se tengan se deben invertir en formar lazos de cooperación internacionales firmes. Ese es el seguro socialista — invertir en la solidaridad internacionalista, en el desarrollo social mutuo. Si se tienen recursos sobrantes (superávits en las balanzas comerciales), hay que ponerlos en iniciativas bancarias regionales que asignen recursos sobre una base de cooperación, midiendo la rentabilidad no sólo en dólares o en onzas troy, sino sobre todo en avance hacia el socialismo, en libertad y felicidad para nuestros pueblos.

Porque lo del oro es eso: una burbuja especulativa que va a estallar más pronto que tarde. El precio histórico promedio del oro es de $500 por onza o por ahí. Arriba de eso, es una burbuja peligrosa. La razón por la que el precio ha llegado a estos niveles es porque hay gente que tiene dinero para apostar a la ruleta — gente que se cree muy lista, que cree que sabe exactamente cuando el precio del oro ha llegado a su nivel más alto y es el momento de venderlo, dejando a los demás arruinados con sus pedazos de metal abaratados. Que se jodan. Pero nuestros gobiernos y bancos centrales no deben jugar a la ruleta con los recursos de nuestros pueblos.

Pero, ¿no es acaso posible que el oro vuelva a convertirse de hecho en dinero mundial? Sí, si la economía mundial se desintegra completamente, al punto de que ninguna moneda fiduciaria desempeñe mejor las funciones habituales del dinero que estos pedazos de metal. Veamos: ¿Cuál es la probabilidad de que la economía mundial se desintegre a este grado — y no sólo EE.UU., Japón y la UE, sino también China, Rusia, Brasil, etc.? No digo que sea un escenario imposible, pero sí afirmo que la probabilidad no es alta. Si la economía mundial se desintegra así (por ejemplo, como resultado de algún holocausto nuclear), entonces los problemas que los seres humanos tendremos serán otros.

Hace unos días, S&P bajó el “rating” de crédito del Tesoro de EE.UU. y ¿qué pasó? El gran dinero (masas de dinero mucho más grandes que las que están elevando el precio del oro) no abandonó los bonos del Tesoro de EE.UU. para comprar otros activos. De hecho, lo contrario ocurrió. Los “otros activos” (por ejemplo, las acciones) sufrieron un desplome brutal. Y hubo un “rally” en bonos del Tesoro, al grado que redujeron la tasa de rendimiento a 10 años a sólo 2.17% y la de 30 años a sólo 3.54%, niveles bajísimos comparados con las normas históricas (http://1.usa.gov/hKzXdo).

Es decir, de facto, el gran dinero (incluyendo aquí no sólo a los bancos centrales de Japón y la Unión Europea, sino también los de China, Rusia y gran parte del mundo pobre) sigue confiando en la estabilidad del dólar a mediano y largo plazo. En lo que el gran dinero no confía es en que la economía de EE.UU. crezca rápido. Es decir, apuestan a que el gobierno de EE.UU. va a seguir paralizado y no va a poder hacer nada efectivo para reducir el desempleo y reactivar la economía.

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Unos datos adicionales para comparar y contrastar el mercado mundial de la deuda federal de EE.UU. con el mercado mundial del oro:

La deuda del gobierno federal de los EE.UU. hoy día tiene un valor de unos $14 billones de dólares.  Con excepciones (por ejemplo, los bonos en que el fondo fideicomiso del sistema de pensión Social Security está “invertido”, que no son comercializables), la deuda pública de EE.UU. (alrededor de $13 billones) es líquida — es decir, se le puede comprar y vender fácilmente en los mercados financieros del mundo.

Por otro lado, el volúmen total de oro en el mundo se estima en alrededor de 150 mil toneladas, de los cuales por lo menos el 70 por ciento no está disponible para uso monetario (existe en forma de joyería, materia prima industrial, etc.).  Las reservas de oro en los bancos centrales del mundo se estima en unas 30.5 mil toneladas.  Las reservas privadas monetizadas suman unas 25 mil toneladas.  O sea que el acervo de oro monetizado total llega — cuando mucho — a las 56 mil toneladas, que al precio actual de $1,760 por onza, arroja un valor total que no llega a los $3.2 billones.

En términos de valor de acervos, el mercado global de la deuda es cuatro veces el tamaño del mercado mundial del oro.  La relación en términos de valor de flujos es semejante: el dinero que se mueve diariamente en el mercado mundial de la deuda federal de EE.UU. es, más o menos, 4 veces el tamaño del mercado mundial del oro.

Digo esto como evidencia empírica de que la huída del gran dinero del mercado accionario hacia los bonos del Tesoro de EE.UU. es algo mucho más sustancial que la actual fiebre especulativa en oro.

NOTA: En los países de habla hispana, un billón es un millón de millones.  En EE.UU., eso es un trillón.  Yo había escrito originalmente un trillón queriendo decir un millón de millones, un uno seguido por nueve ceros.  Pero ya corregí eso.

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